Poemas

LJUBLJANICA SAVA
(de La única puerta era la tuya, 2015)


Se esfuman ciertos gestos
del crucero que hicimos por Ljubljana.
Las sensaciones aéreas,
cómo el viento jugaba con mi falda,
cómo el agua cantaba en movimiento.
Allí toqué,
por un segundo,
el alfiler agudo de la dicha,
pero fue tan leve al tacto
que lo perdí al doblar el primer puente,
donde aprieta el pasado
como un zapato antiguo y defectuoso
que aún quisieras ponerte.


DIGNIDAD
(De Poética ambulante, 2003)


De todos los oficios de la rosa
elogio su homenaje de la muerte.
Empecinada por trepar la tierra, ávida
de gloria
se endereza majestuosa contra el viento
coronada por un séquito de plumas
a esperar
la recompensa
de que algún caminante
aplauda su belleza
y la destruya.


BOLETIN BLANCO
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)


De día, en el trabajo,
en el rumor feliz de una cafetería,
mientras suenan cascabeles en la calle,
tacones, collares, estornudos,
casi nada perturba el corazón
o eso parece,
todo marcha en la luz.

Hay hombres
que usurpan mi aliento
cuando pasan.

Los dejo indagar en mi mirada
esas sucias palabras
que me trepan tan limpias
por la boca.

Y si me quedo a oscuras con mi espejo
en el dedal vacío de mi cuarto
no hay guarida,
no hay ombligo ni abrazo
flor de metal más honda que estar lejos,
saber que vas cambiando
sin que yo sea testigo.

La estación envejece sus coronas.

El pedregoso ovillo de tu pelo
prueba un paso de danza en el pasillo,
esos gestos ambiguos de empezar a vestirme
para hacerte más largo transitar el deseo
que me arroje a la brecha
de otro olvido.

El futuro no es tiempo
que pueda llevarnos de la mano
y aun así el espíritu se aferra
a quien le dio de latir.

He crecido contigo.

Hemos saltado juntos a otro lado,
del que no se regresa.


FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)


¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.

Hojeabas la revista Bell'Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.

En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.

Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.

¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?

Estabas triste a destiempo.

Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.

Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.

Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.

¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?

Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.

Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.

La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.

No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.

Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.

Yo tendré otras montañas.


XII
(De Poética ambulante, 2003)


Te rodeaba una cofia de marfiles
como flores o túnicas
inútiles.

Yo quería despojarte de esas mantas,
verte bailar liviana y cadenciosa.

Sí,
era ese traje incómodo,
te hacía lucir de porcelana.

Yo a tu lado,
estatua viva de mármol en la fuente
dedicando su elogio de Narciso
a una réplica de labios
indefensos.

Allá hay un vaso que siente como yo,
una prolongación vidriada
de mi cuerpo.

Qué lástima verme en ese vaso,
compartiendo su ser
de recipiente.


FAREWELL DOS
(De Las voces de las hojas, 1998)


Adiós a la poesía burda, aquella absurda
maravilla inescrutable.
Maremágnum sintagmático del siglo,
metástasis de versos troquelados.
La vanguardia del erizo y del carpincho,
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro,
te quiero pero estoy bien light alone,
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós,
adiós.


DESARRAIGO
(de La única puerta era la tuya, 2015)


Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro,
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.


EXPEDICIÓN DOMÉSTICA
(de Poética ambulante, 2003)


Son las siete en Reichsgau
y en otro punto equidistante
del planeta.

(Cuando iba a la escuela me gustaba
abrazar el planisferio y calcular
la simetría de los
husos. Siempre supe
que Japón era el revés de Buenos Aires.)


A la tarde me arrojo a la humedad
de la bruma y acaricio
el crepúsculo violeta. Mi cuota de orfandad
de debilita si recorro las calles
de Carintia.

Ni siquiera me aleja un hemisferio
del espacio que tu cuerpo ocupa.


Pero anoche llovió y
cómo extrañé tus pasteles de membrillo,
el fragor de la cuchara contra
el plato, tu puñado de bucles.
Pinceladas reflejas de sentirte en casa.

Acá se ve la auriga
y en los bares se respira olor a Maxim´s.
Es molesto adecuarse a otra rutina.
Nunca acaba por ser del todo tuya y la nostalgia
persiste.

El té de enebro,
tus cruces y estampitas,
enredar palabras por hablar de golpe,
la manera de hacer
un dobladillo.


Golpean
a la puerta. Me levanto a abrirte.
Dejo paso a tu inercia
y apoyás dos bolsas
en el piso.

¿Qué te pasa?

Te miro como si te desconociera,
como si un terremoto nos hubiera

partido, y por la puerta entreabierta
florecen las clemátides.

Nada. Qué bueno que viniste.


I
(De Los pliegos obtusos, 2004)


Tengo miedo del río y de las puertas,
son aceras que cruzan
a otra parte.

Tengo miedo
de partir y no encontrarte,
de volver a sembrar
orillas muertas.

Tengo miedo de la roca silenciosa
que aglomera su núcleo
de virutas.

Tengo miedo
del himno de los perros
contra el cerco violeta
de la luna.

¿Para qué?

Si ya perdí la cuenta
de las mantas que tejió el olvido
para abrigo de noches
inconclusas.


XXVI
(De Poética ambulante, 2003)


Por las ventanas puedo ver lo que antes no veía.
La tierra pintada por abajo,
caída.
Las pieles azules y verdes
que la noche y el campo se dibujan.
Las texturas prestadas por el aire.
Todas las pieles
que las cosas se dejan mutuamente
mirar de una ventana:
desniveles dispersos,
cabelleras,
una mano que corre una cortina,
un ángulo oblicuo
en un cuadrado.


ÚNICO ENCUENTRO
(de La única puerta era la tuya, 2015)


Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?


I

Baja
de tu boca a mi pecho
hasta posar la trompa,
abeja,
en la región convexa,
de néctar,
que te atrajo.
Te escaparás, alada, cuando exhale
la última ronda de suspiros
que se extingue
en la cifra de tres horas.

Por mis piernas abiertas como un plato
quiero ver tu mandíbula de toro
pastar meticulosa
en el vaivén sin prisas del verano.

Entra en el ancla, barco en la bahía,
último puerto que encalló en mi pampa.
Puerto apenas fundado,
puerto en ruinas.

Fui la puta de un pueblo
donde la única puerta era la tuya.
Hice sonar la aldaba,
Vacilante,
como quien se busca a sí misma:
la palabra secreta era mi sombra.

De par en par trepé las escaleras
sin treguas de café
por tu palacio.

Hoy, que esa casa no existe,
no sé cómo nombrarte,
estoy en un exilio sin paredes,
vegeto en los rincones oblicuos del deseo
haciendo agua en todas sus esquinas.


II

Bajo,
esta vez,
por la espesura vehemente de tu abdomen,
recorro tus puntos cardinales,
tus cinco dimensiones,
suspendida en un escalofrío que no cesa
con los ojos del cuerpo
que te miran.

Devasto,
caracol,
lo que transcurre debajo de mi lengua.

Planto mojones de saliva,
me detengo
sigo
silbo
tiemblo
avanzo
por líquenes, medusas, pergaminos,
con el hambre en los días de desierto.

Y mientras te acaricio con la palma de la boca
y te mastico con los dientes de las manos,
como un ala danzante de cigarra
me surcan las imágenes
de un ave, de un bebé
de un alba fría de invierno en Costanera,
la risa luminosa de la infancia
cuando el mundo estaba entero y era bueno.

Por un azar que no busco comprender
tu vientre me devuelve a esa otra orilla,
en ti se acoplan todos mis pedazos,
nada duele, por fin,
y esta vez la verdad tiene tu nombre.


III

Nuestras manos tropiezan al borde de la cama,
se atornillan con ímpetu silvestre
imantadas de moléculas y gotas.

Así duramos
en un plácido goce sin palabras.

Damos vueltas por un carretel imaginario
para ver el paisaje por todas sus costuras:
ribetes
canales
ventanas
tragaluces.

La única piel que desconozco
es la que abriga tus cuevas más profundas,
esa espina que late
no sé por qué perfume.

De tus derrotas sospecho las cenizas.


IV

De nuevo frente a frente
como recién nacidos
que aprenden a mirar
en la mirada lúcida del otro
infringes la aduana de mi cuerpo
con el hábito límpido del aire,
eludes el confín
sin pausas de gendarmes ni requisas,
corzas blancas que expulsan las colinas
y este doble retozar para eximirnos
de una deuda arcaica

estás conmigo en mí estoy contigo en ti no existe
otra certeza más pura que este instante


Lo que dura es la arena,
el sótano de savia de las hojas.
Con un reloj te irás como llegaste
a esta batalla de fábulas perdidas.

En la última estación
me embiste el autobús de los adioses.
Los líquidos se empiezan a enjugar. Las horas
acaban de cumplirse. Empiezo
a recoger mis pétalos caídos por el cuarto,
una hebilla,
un zapato,
el recato partido en seis mitades,
la vista, el olfato y sus contornos.

El rito de la higiene en un salón contiguo.

Dulce y violenta intersección.
Único encuentro.

Te acompaño, no, no te preocupes,
la puerta que se cierra.